Funcionamiento de los ensayos y nuevas metas para una agrupación

Funcionamiento de los ensayos y nuevas metas para una agrupación

Después del post anterior, donde os hablaba del primer concierto de música clásica que organicé en el pueblo, vuelvo a retomar el tema de las agrupaciones musicales para mostraros cómo se pueden plantear nuevos objetivos. Además os narraré cómo fue el funcionamiento de los primeros ensayos.

Tras la primera experiencia

Cuando acabó la primera actuación musical de la coral, la gente se mostró muy agradecida, tanto los componentes como el público que nos había escuchado. Estaba claro que esta experiencia no podía acabar ahí, ya que todos teníamos ganas de continuar. Lo más difícil estaba hecho y ahora habría que proponer nuevos objetivos y repertorio.

También, no te voy a mentir, la agrupación sufrió alguna modificación en sus filas y algunos componentes salieron mientras otros se apuntaban a formar parte del conjunto. Hay que ser receptivo ante estos cambios porque aún éramos un “grupo de conocidos” sin un compromiso formal.

Es necesario que no te estreses por planes a muy largo plazo. Si la idea es buena, funcionará ella solita. Ya llegará el momento de formalizar todo y asegurar un compromiso colectivo.

Nuevas metas

Coral san Miguel participando en una actuación

Para el evento de apertura de la coral habíamos aprovechado las fiestas patronales del pueblo, donde se reúnen gran cantidad de vecinos y son fechas muy señaladas. Lo primero que me vino a la cabeza fue intentar repetir la experiencia para el año siguiente, mejorando las técnicas de ensayo y cambiando el repertorio. Así iríamos avanzando con calma y generaríamos un reto a cumplir.

Dentro de una idea base, es importante que varíes cosas para que no sea una experiencia repetitiva, sino más bien una búsqueda de nuevos retos que motiven a los integrantes.

Por aquel entonces, había comenzado mis estudios superiores de música en el conservatorio y allí tuve la ocasión de apuntarme a la asignatura de Iniciación a la dirección coral. Esta asignatura consistía en dos años de formación en técnicas de dirección y ensayo aplicables a un coro, dándome recursos que hasta entonces desconocía, como el gesto del director y el tratamiento de la voz. Además, con la asignatura de coro obligatoria, pude acceder a nuevo material referente a partituras y repertorio.

La formación continua en el campo que manejas es fundamental para conseguir hacer una tarea profesional y cumplir tus objetivos. Si no tienes acceso a asignaturas concretas que te ayuden en tu formación, siempre puedes recurrir a la gran cantidad de cursos existentes, así como a profesores particulares y a autoformación por internet. De todas formas, más adelante te facilitaré material que puedes utilizar para comenzar y enlaces a páginas de internet que te pueden ayudar.

Decidí que una buena opción podría ser componer algo original que cumpliera las necesidades de la coral que dirigía. Nunca me había sentado a componer nada, pero cómo músico tenía los recursos necesarios para ponerme a ello. Por supuesto, el resultado podrá ser más o menos favorable, pero por intentarlo no pierdes nada. 

Te recomiendo que a la hora de hacer tus partituras recurras a programas y aplicaciones que te permitan componer y transcribir de forma adecuada. Por ejemplo, puedes usar programas de edición musical como Finale, Sibelius o Musescore (este último lo puedes conseguir de manera gratuita). De todas formas, con papel pautado y un lápiz puedes comenzar sin ningún problema.

Finalmente, presenté a la coral una misa compuesta para cuatro voces mixtas. Había aumentado el nivel técnico que les pedía considerablemente, pero había tenido en cuenta sus limitaciones y su escasa comprensión del lenguaje musical. En los ensayos paliaríamos estas dificultades con un aprendizaje adaptado para ellos. Ten en cuenta que se trataba de una coral de aficionados, cuyos componentes no tenían un conocimiento del lenguaje musical y no sabían leer partituras, así que me tuve que reinventar pedagógicamente.

Primeros ensayos

La hora de comenzar siempre era confusa y más en un pueblo donde, cuando alguien dice “estoy llegando”, realmente le quedan al menos diez largos minutos para aparecer por el ensayo (he de confesarte que este asunto nunca lo he acabado de mejorar por más estricto que me he puesto. Esas entradas al ensayo, cual divas y divos pasando por medio del grupo, son “el pan nuestro de cada día” e imagino que irá dentro de “los genes del pueblo”).

Al principio, repartía el material necesario para el ensayo, que tan amablemente había impreso alguno de los cantores dejándolo preparado en montoncitos. Para ellos, las partituras eran como darles un manuscrito de física cuántica o como unos poemas en la lengua élfica de Tolkien. Las miradas de extrañeza y de “esto es muy difícil para nosotros” estaban a la orden del día. Luego, comenzábamos el calentamiento vocal, en el que algunos de los ejercicios de respiración, que consistían en echar bocanadas de aire, acababan con medio grupo sonriente y el otro medio riendo a carcajadas, haciendo olvidar esa sensación de rareza causada al recibir las partituras.

El grueso del ensayo consistía en algo no muy musical, ya que se trataba de un ejercicio de repetición y asimilación. A través de esta práctica los cantores conseguían memorizar sus voces mientras seguían la letra en la partitura. Básicamente, yo les iba acompañando con el piano apoyando sus respectivas voces.

Posteriormente, llegaba el arriesgado y “temido” momento de intentar juntar las voces. Casi, la mejor recomendación que les podía hacer era que solo se concentraran en no desviarse de su línea sin prestar mucha atención al resto de voces, como si tuvieran puestas unas anteojeras de caballo. Soy consciente que esta práctica no es muy musical (ya te lo advertí antes), pero es efectiva para un primer contacto con composiciones a tres o cuatro voces con un grupo de gente aficionada.

Más tarde, para intentar agilizar esta parte del ensayo, en la que mucha gente se quedaba parada mientras un grupo aprendía o afianzaba su línea, recurrí a medios digitales. Mediante la grabación previa de las voces y enviándoselas a sus dispositivos antes del ensayo, tuve más tiempo para trabajar con calma esa unión de las voces y el sonido del conjunto, evitando perder el tiempo con las diferentes cuerdas de manera individual.

Propuesta para el funcionamiento de los ensayos

Director y subdirector de la coral San Miguel

Los primeros ensayos eran muy largos y les faltaba organización, pero ten en cuenta que todos estábamos ante algo nuevo. Pronto, establecería unos días más concretos de ensayo con una hora de empezar y acabar más razonables. Las necesidades de una agrupación van evolucionando en el tiempo, al igual que el interés y el compromiso de los componentes.

Dicho esto, aquí te propongo unos cuantos consejos prácticos sobre como llevar un ensayo con un grupo de principiantes:

  • Lo primero de todo es no perder la paciencia. Tienes que entender que ellos hacen lo que pueden y tienes que animarlos resaltando sus pequeños avances y esfuerzos. Sé constructivo y motiva siempre. Esto no quiere decir que seas un “bien queda” y no exijas esfuerzo cuando sea necesario. Si hay algo que no gusta a los alumnos y músicos es que les trates por ineptos.
  • Intenta fijar al menos un ensayo a la semana para no perder la continuidad y que la agrupación no quede en el olvido. Aunque no puedas estar siempre presencialmente allí por estudios o trabajo, las nuevas tecnologías permiten un seguimiento y facilitan el acceso al material necesario (partituras, audios, ejercicios…).
  • Delega en personas que puedan continuar la labor cuando tu no estés presente. Puedes nombrar a un director ayudante (con conocimientos musicales) que vaya preparando las voces individuales con ellos.
  • Inicia los ensayos con un calentamiento de la voz. Tiene que ser ejercicios de respiración, relajación y que amplíen el ámbito vocal (te dejaré libros y apuntes más adelante para que puedas aplicarlos sin problema). Este calentamiento no tiene que ser muy largo (unos diez minutos, aproximadamente) y tiene que generar bienestar y seguridad en los cantores.
  • Si lo crees conveniente, puedes añadir en cada ensayo una breve clase teórica de lenguaje musical, en concreto, sobre cómo leer una partitura. Yo al principio recurrí a que se aprendieran las voces individuales a base de la repetición y la imitación. Es un proceso tedioso para un músico, pero resulta muy efectivo.
  • Para adelantar el trabajo de aprendizaje de sus voces, mándales audios para que, a base de escucharlos con la partitura delante e imitándolos, puedan conseguir memorizar su línea. Puedes grabarlos tu mismo o puedes recurrir a audios MIDI ya existentes, así como a videos de YouTube.
  • En los ensayos puedes ir juntando las voces poco a poco, de dos cuerdas en dos cuerdas. Por ejemplo, solo las voces masculinas, tenores y bajos, y luego, sopranos y contraltos. 
  • Con el paso del tiempo, tienes que buscar una buena afinación y colocación de la voz, o sea, cuidar el sonido del conjunto. Puedes ayudarte del piano para la afinación y de especialistas en la voz, como cantantes profesionales a los que puedes pedir que asistan esporádicamente para que den un curso intensivo. Aunque no seas cantante, es necesario que te familiarices con el tratamiento de la voz (recuerda, formación continua).
  • Establece un sistema de referencia con el gesto de dirección para que los integrantes comprendan la interpretación que les propones (tempo, musicalidad, recursos expresivos, etc.).
  • Al finalizar la parte más densa del ensayo, donde aprenden algún pasaje u obra nueva, es interesante acabar con algo que les motive y con lo que disfruten. Una buena opción es cantar alguna obra que ya tienen bien aprendida o algún ejercicio más distendido.

Estas son algunas de las técnicas que yo utilizo en los ensayos y que a día de hoy me siguen funcionando. Tú decides hasta donde llegar y cual es el grado de exigencia que quieres aplicar en cada ocasión. Propón el número de ensayos que consideres necesarios a la semana para poder llevar a cabo las metas que te has propuesto.

Un último apunte

Si decides componer algo original para la agrupación, te recomiendo que registres tu obra en la SGAE o en el Registro de la Propiedad Intelectual de tu comunidad. Nunca sabes cuánto partido se le puede sacar a tu composición y, así, también previenes que alguien se apropie de ella. Además, el tener obras registradas te dará puntos en oposiciones y algunos concursos… ¡hazlo sin dudar! Todo esto es parte de tú trabajo como músico. 

Espero que estos consejos te sirvan y los puedas aplicar en tu agrupación. Puedes dejarme tus dudas y opiniones en los comentarios.

¡Hasta la próxima!

Miguel Rodriguez

Director, divulgador musical y pianista.

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